Miedo o desinterés permanente a la tecnología

Cuando escucho frases de amigos o familiares similares a un “no declararé mis impuestos por Internet porque pueden robar mis datos” o bien otras vertidas por connotados comentaristas radiales, quienes llaman a la población a seguir haciendo trámites en ventanillas y juntando montañas de documentos inútiles porque “es mejor verle la cara al cajero”, ciertamente no puedo dejar de sentir pavor ante una realidad incuestionable y que está generando que un importante segmento de nuestra población siga perdiendo productividad debido a pérdidas de tiempo y dinero en operaciones que perfectamente pueden ser electrónicas.

Una clara señal de esto es lo que ocurre año a año con la Operación Renta comandada por el Servicio de Impuestos Internos. Para lo que somos neófitos en temas contables, el hecho de realizar nuestra declaración de impuestos por Internet ha demostrado por años que ha sido un método sencillo, seguro y beneficioso. Pero muchos siguen dudando en acceder al beneficio, especialmente generaciones de personas que no crecieron con un computador o la Internet como un elemento de trabajo. Ellos siguen confiando en funcionarios con gruesas gafas y visera, quienes en una roñosa y fría oficina, escriben con extremada lentitud en su máquina Olivetti cada uno de los casilleros de un formulario rosado comprado en el kiosco de la esquina. ¿Caricaturesco? Posiblemente, pero sigue siendo una realidad que a estas alturas del nuevo milenio, claramente no se condice con nuestra aspiración de liderazgo regional.

Hasta hoy hemos presenciado el debate de numerosas empresas e iluminados expertos sobre la necesidad de invertir en tecnología, o en discusiones peores como por ejemplo “que tipo de plataforma, marca o producto debe o no debe usar el gobierno y las empresas”. Si bien es cierto que estas discusiones pueden ser importantes, no sacamos nada con plantar papas en un terreno en el que no hemos sido capaces de arar. Yo planteo ir más allá. ¿Por qué no mejor nos preocupamos como país de difundir las bondades del uso adecuado de las tecnologías? ¿Por qué no trabajamos en conjunto con los legisladores y el gobierno, para crear un marco legal que proteja las transacciones electrónicas y virtuales ante posibles fraudes y generar de paso castigos ejemplares para los delincuentes que lucran de la buena fe de las personas? ¿Por qué primero no aramos y luego plantamos?

Para optar a  convertir a nuestra nación en un país ejemplo en desarrollo, no es necesario que atiborremos las escuelas y las oficinas de computadores, los cuales se convierten en inservibles si las personas, para las cuales fueron diseñados no tienen ni la más mínima intención de usarlas a su máxima capacidad.

Tampoco sirve de mucho pelear acerca de si la tecnología abierta o la tecnología propietaria es la mejor, si aún  tenemos un  país que le aterra usar la tecnología para potenciar sus habilidades individuales, cuando tenemos a líderes de opinión que no les interesa usar algo más sofisticado que su celular con pantallita verde o cuando tenemos legisladores que aún no son capaces de despachar alguna ley que incentive la inversión tecnológica extranjera o más aún, que proteja los derechos de propiedad intelectual, los que son impunemente violados a cada segundo en las esquinas de cada calle de Santiago.

Sí, claramente la experiencia del SII, los pagos electrónicos de las cuentas, la compra online de algunos souvenirs en tiendas de departamento y otros hechos hacen que la Internet y la tecnología estén presentes, pero aún falta mucho para que como país podamos decir que somos tecnologizados y que esta gama de sistemas y productos nos están ayudando a ser más productivos, más ágiles y a comprender de manera más rápida y completa los conocimientos que este mundo nos depara.

Mientras no veamos que la tecnología y su uso masivo pueden cambiarnos como país y no apreciemos que exista un incentivo o un cambio de mentalidad para hacer de este un tema interesante para todos, seguiremos viendo como con injusticia, la tecnología seguirá siendo un tema de algunos mal llamados “nerds” y los espacios para conocer y aprender de ella estén segmentados a algunos artículos en diarios y revistas y no, como ocurre en Europa o Estados Unidos, donde existen libros, decenas de publicaciones y cuerpos completos  de diarios que hablen de las bondades y las últimas novedades de sistemas que ayudan a mejorarle la vida a las personas.

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